la fruta





Tan sólo por beber el jugo del deseo
desayunando a solas
se justifica el exprimir la fruta de la vida
hasta la última gota,
con esa rabia sorda que se esconde en tu mano
acostumbrada a doblegar con golpes o caricias
la voluntad del tiempo de las dudas.

Quebrarme en un poema ante tus ojos
es más fácil que andar siempre vestida
para matar. Tú sabes
que la amnesia es un puente levadizo
que salvaguarda siempre la razón,
pero yo te recuerdo

por eso de estar loca

llegando con el ruído de un incendio en los ojos
y yéndote con ellos tamborileados de lluvia.

Te aburriste de ser una ciudad distinta cada día
llena de recovecos demenciales

y ni siquiera eso me extrañó

también terminé hastiada
de recorrer mis negras callejuelas
en busca de zaguanes solitarios
donde pasar la noche cobijada
de mis propias histerias.

Se despierta tu boca excitada
cuando llega septiembre
y se convierte en las tijeras dulces
que cortarán de nuevo mi retrato
para ponerle un marco de palabras
el mismo que en octubre
adornará el mármol de mi tumba
como si fuera un rito establecido.

El horizonte nuevo
inventa un argumento de renglones torcidos.
No siempre te comprendo, pero siempre,
me abro a tu memoria, estremecida.

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Akhenazi. Espacio a tu costado.